ÚLTIMA HORA: Fallece Diego Armando Maradona Diego Armando Maradona ha fallecido este miércoles en Argentina tras sufrir un paro cardiaco, según fuentes cercanas a su entorno.

Diego Armando Maradona
Diego Armando Maradona

Diego Armando Maradona ha muerto al sufrir un paro cardíaco según ha adelantado el diario Clarín. El astro argetino sufrió en la mañana de este miércoles un paro cardiorrespiratorio en su casa del barrio San Andrés, en la localidad de Tigre.

Ha fallecido este miércoles a los 60 años en Argentina  tan sólo dos semanas después de ser operado por un coágulo en el cerebro.

La noticia también ha sido confirmado a EFE su agente Matías Morla,  Maradona ha fallecido a causa de una parada cardiorrespiratoria en su residencia en Tigre, donde se recuperaba de una reciente intervención quirúrgica en la que se le fue extraído un coágulo del cerebro.

Según muestran las imágenes de la prensa local, varias ambulancias se han trasladado a su residencia en las últimas horas, pero no ha sido posible salvar la vida del astro argentino.

Los servicios de urgencia se trasladaron inmediatamente a su domicilio, donde intentaron reanimarle del paro cardíaco que, finalmente, se ha llevado a una de las mayores leyendas del deporte y posiblemente la mayor de Argentina, fuera del puro fútbol, de todos los tiempos.

Una noticia que marca una bisagra en la historia. La sentencia que varias veces se escribió pero había sido gambeteada por el destino ahora es parte de la triste realidad: murió Diego Armando Maradona.

El campeón del mundo con la Selección Argentina​ se descompensó en la mañana de este miércoles en la casa del barrio San Andrés, en el partido bonaerense de Tigre, donde vivía desde hacía algunos días luego de haber sido operado de la cabeza. El 30 de octubre había cumplido 60 años. 

Villa Fiorito fue el punto de partida. Y desde allí, desde ese rincón postergado de la zona sur del Conurbano bonaerense se explican muchos de los condimentos que tuvo el combo con el que convivió Maradona. Una vida televisada desde aquel primer mensaje a cámara en un potrero en el que un nene decía soñar con jugar en la Selección. Un salto al vacío sin paracaídas. Una montaña rusa constante con subidas empinadas y caídas abruptas.

Nadie le dio a Diego las reglas del juego. Nadie le dio a su entorno (un concepto tan naturalizado como abstracto y cambiante a la lo largo de su vida) el manual de instrucciones. Nadie tuvo el joystick para poder manejar los destinos de un hombre que con los mismos pies que pisaba el barro alcanzó a tocar el cielo.

Quizá su mayor coherencia haya sido la de ser auténtico en sus contradicciones. La de no dejar de ser Maradona ni cuando ni siquiera él podía aguantarse. La de abrir su vida de par en par y en esa caja de sorpresas ir desnudando gran parte de la idiosincrasia argentina. Maradona es los dos espejos: aquel en el que resulta placentero mirarnos y el otro, el que nos avergüenza.

A diferencia del común de los mortales, Diego nunca pudo ocultar ninguno de los espejos.

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